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Hospitalidad china
De todos los estereotipos que se manejan sobre los chinos, creo que el más desacertado es el de esa supuesta cerrazón hacia lo extranjero. Creo que los chinos viven fascinados por todo lo que viene de fuera, sobre todo si es de Occidente. Se mueren por ver las últimas películas de Hollywood y no dudan en copiar aquello que ha funcionado en otros países.
A esta fascinación por lo extranjero, se junta una hospitalidad desbordada. En pocos países un extranjero se puede sentir tan bien recibido como en China. Durante el viaje que estoy haciendo ahora mismo, ya he pasado por tres familias chinas, en las cuales me sentí halagado por el acogimiento que recibí. No se trata sólo de la comida y las sonrisas, sino de las zapatillas al entrar en su casa, del increíble acogimiento con el que uno es recibido en un hogar ajeno.
En mi paso por una familia de Chongqing (la última foto), durante la cena, la abuela dijo una frase que no se me olvidará nunca. Esta señora, que tenía problemas para caminar y apenas escuchaba, soltó la frase como si tal cosa, con la curiosidad de quien nunca ha estado en el extranjero: “nosotros los chinos tratamos tan bien a los extranjeros… ¿será igual cuando nosotros vamos fuera?”.
Un cigarrito para ti, otro para mí
Otra de las cosas que forman parte de las celebraciones del Año Nuevo Chino son los cigarrillos. En China se fuma mucho (es el mayor productor de tabaco y con uno de los porcentajes más altos de fumadores del mundo) y forma parte de la vida social en este país. Durante el Año Nuevo Chino se fuma antes, durante y después de la cena, y es costumbre ofrecer cigarrillos a todo el mundo antes de empezar el tuyo propio.
En el lugar en el que yo estaba, debido a su cercanía con Yuxi (uno de los mayores productores de tabaco de Asia, con la marca Hongtashan a la cabeza), el fenómeno era extremo. El día de la víspera, cada vez que entraba en una tiendecilla a comprar una botella de agua, me ofrecían un cigarro. Durantes las comilonas, casi todos los familiares habían hecho acopio de las mejores marcas (en algunos casos la cajetilla llegaba a valer 200 yuanes -18 euros- cuando el precio normal no suele pasar de 10 yuanes). Es una forma de mostrar respeto y generosidad hacia los demás, porque en algunas ocasiones estás recibiendo cigarrillos que valen más que una cajetilla entera.
Como en muchos otros lugares, el fenómeno en este pueblo de Yunnan era masculino. En esta zona, si eres varón y tienes más de 18 años, fumas. Sin embargo, no vi a ninguna de las mujeres de la familia encender un cigarrillo durante los tres días de celebraciones. Mi amiga Xiao Mao me comentó que, cuando llegó a Pekín, se llevó una gran sorpresa al comprobar que había hombres que no fumaban.
Otra de las particularidades de la provincia de Yunnan son las pipas de agua. Las había visto en películas y son uno de los emblemas de la provincia. Es frecuente encontrar a gente en la calle, bares y restaurantes fumando por estas pipas, hechas de bambú o de madera. Suelen utilizar un tabaco especial, aunque muchos otros (por ejemplo, en la familia con la que yo estaba) utilizan cigarrillos normales. Como soy un hombre que intenta adaptarse a todas las culturas que se encuentra a su paso, no pude resistir la tentación de probarlas:
Ya que nos hemos desviado del tema, hay que decir que Yunnan ha sido considerada durante mucho tiempo la meca de la droga en China. Debido a que es frontera con Myanmar, Laos y Vietnam, las drogas casi siempre entraban al país por esta puerta. Aunque mi amiga Xiao Mao me dijo que todo esto eran cosas del pasado y que los controles anti-droga se han intensificado mucho, lo cierto es que todavía queda algo de todo esto.
Año Nuevo Chino (II): el gran día
El día de Año Nuevo Chino es uno de esos pocos días en China en los que no hay gentes por las calles y la mayoría de los comercios están cerrados. Pasear por los lugares donde antes había tanta actividad y tantos miles de personas suele impresionar bastante. China es un país muy activo, con mucha gente, con unas ciudades llenas de energía… y el día de Año Nuevo todo parece desierto, como ciudades fantasma…
Como pasa en España con las Navidades, el día de Año Nuevo Chino casi pasa a un segundo plano: lo importante es la víspera. Aún así, el día está repleto de actividades y reuniones familiares, comidas, cigarros y bebidas.
Este día (26 de enero) nos fuimos una vez más a casa de la abuela paterna de Xiao Mao. En esta ocasión llegamos un poco antes, sobre las diez de la mañana, para poder disfrutar de la comida. Una vez más, platos, platos y más platos: comer, beber, fumar, hablar…
Por la tarde, los más jóvenes, acompañados por la abuela, acudimos al templo budista más importante del pueblo. Allí había un montón de gente, todos ellos ofreciendo comidas y bebidas a los Dioses y haciendo sus oraciones. La abuela y su hija había pasado allí toda la noche. Eran sin duda alguna las más religiosas de la familia (el resto de los mayores no pisaron un templo durante los tres días de celebración) y se habían pasado ahí toda la noche. Otra de las cosas que no hicieron durante estos días (a diferencia del resto de la familia, que nos pusimos morados) fue comer carne.
Después de esta visita en el templo, una vez más vuelta a casa, para seguir comiendo. En este sentido el ambiente se parece mucho al de cualquier Navidad en España: al final todo se trata de estar con la familia, hablar, comer y beber.
Una de las particularidades de este día es que la gente no se puede duchar (una vez más, estoy hablando de esta familia de Yunnan). Como el año nuevo acaba de comenzar, se supone que todo lo que trae es bueno, por lo que no se puede echar a perder (por eso mismo se supone que no se puede limpiar la casa). En Yunnan, además, la mayoría de casas funcionan con energía solar, con lo cual cuando no hace sol (como fue el caso de los días previos al Año Nuevo) la gente no tiene agua caliente. Por eso mismo, parte de la familia se fue a duchar el día anterior en los baños públicos.
Este día fue bastante tranquilo, muy familiar. Como decía antes, de lo que se trata en estas fiestas es de estar con la familia.
Más
Año Nuevo (I): la víspera
Año Nuevo (III): el día después
Año Nuevo en Yunnan (I): la víspera
En mi viaje durante estas vacaciones de enero, he hecho un alto en el camino para celebrar el Año Nuevo Chino. En esta ocasión me fui a otro pueblo remoto, Eshang (??), en la provincia de Yunnan. Allí me esperaba otra amiga china, Xiao Mao, que me invitó a pasar las fiestas con su familia.
Lo que sigue a continuación es un pequeño relato de como se vivió el Año Nuevo en este pueblecito de Yunnan. Como sabéis, cada parte de China y cada familia lo celebra de una forma distinta, así que esto no es más que una pequeña crónica de como lo vivimos aquí.
Al igual que pasa con las Navidades en España, el día más importante en China es la víspera del Año Nuevo Chino (en esta ocasión el 25 de enero). En la familia de mi amiga Xiao Mao, todos acudimos a la casa de su abuela paterna (preferencia sobre la línea materna), donde se reunía toda su familia (tíos, sobrinos, nietos, etc…). En total había unas 15 personas. Como hay un montón de platos que preparar, casi todo el mundo estaba allí desde las doce de la mañana.
La casa de la abuela de Xiao Mao era una casa bastante grande, de dos pisos y con un patio interior muy amplio. Así que durante varias horas su casa de llenó de gente que iba con platos en una y otra dirección, gente cortando carne, preparando cacerolas, etc…
Otra de las cosas que se hace mientras se está preparando la cena es cambiar las tiras y carteles (no sé como llamarlos en español, en chino se dice chunlian -?? -) de las puertas de las casa. Estas tiras han estado ahí durante todo el año, como símbolo de fortuna, buena suerte y enriquecimiento. Durante la víspera de Año Nuevo los más jóvenes de la casa se lanzan a arrancar las tiras del año pasado y cambiarlas por otras nuevas (que estarán allí hasta el año que viene).
Como sabéis, otra de las cosas más típicas del Año Nuevo Chino son los fuegos artificiales. Durante los días que duran las festividades, se escuchan por todos lados. Los más activos son los niños, que utilizan casi siempre petardos que hacen mucho ruido pero poco más. Pero lo cierto es que cada casa (estoy hablando por la familia con la que estuve) hace aprovisionamiento de fuegos artificiales. Y en algunos casos son realmente espectaculares, unos fuegos artificiales en toda regla, con millones de luces y palmeras y colores que se forman en el cielo.
Otra de las cosas que me llamó la atención es que, justo antes de empezar a cenar (la cena comenzó sobre las seis de la tarde) cada familia lanza una buena traca de petardos. Es curioso escuchar como cada familia pasa por este ritual y el sonido atronador de los petardos indica el comienzo de la cena por todo el pueblo.
Otra cosa que se hace antes de la cena, y de la que había leído mucho pero nunca había visto, es rezar a los ancestros. En la casa de la abuela de Xiao Mao había una habitación donde estaban escritos los nombres de todos los antepasados de la familia, con sus nombres y apellidos. Justo antes de cenar, los jóvenes (todos aquellos que no están casados) subieron a esta habitación e hicieron sus reverencias. Mientras tanto, la abuela quemaba incienso, había colocado comida y bebida para los ancestros y quemaba dinero (falso) para que lo pudieran utilizar en el otro mundo.
Aunque no fue un ritual súper serio ni sagrado (los niños salían cada poco por la cantidad de humo que había y seguían gastándose bromas), fue el único momento en el que no me dejaron sacar fotos.
En cuanto a la comida de Año Nuevo en sí, como casi siempre en China, consistió en un montón de platos de los que todo el mundo va cogiendo (pollo, pato, hígado, pescados, arroz dulce, jamón, chorizos, cerdo con verduras…). En este pueblo de Yunnan casi todo el mundo acompañaba los platos con el típico cuenco de arroz o con unos fideos también hechos con arroz (llamados mifen -??-).
Después de la cena, casi todo el mundo se entretuvo mandando mensajes por teléfono móvil y viendo la televisión. Este día tiene lugar el que es probablemente el programa anual más visto del mundo: la gala de Año Nuevo (?????). Es un espectáculo al más puro estilo Sábado Noche, con actuaciones, música, las principales estrellas del país, humor, bienvenidas al Año Nuevo…
Mientras tanto, un rato después, se siguen lanzando fuegos artíficiales (los más bonitos de la noche). Petardos y fuegos artificiales forman parte de la fiesta china, y no sólo se escuchan en este día tan especial, sino semanas antes y semanas después. Uno de los tíos de Xiao Mao, que insistía en que me quedará algunos días más en Eshang, me lo explicó así: “Nosotros inventamos la pólvora y los fuegos artificiales para divertirnos. Fueron los occidentales los que los utilizaron para la guerra”.
Es también después de la cena cuando comienza el ritual de los sobres rojos (hongbao -??-), que reciben todos aquellos que todavía no están trabajando. En estos sobres los mayores meten dinero (en esta familia, entre 100 y 400 yuanes) y los jóvenes esa noche duermen con el sobre bajo la cabeza. Mi amiga Xiao Mao al final conseguió unos 1.400 yuanes (130 euros), y estaba bastante triste porque es el último año que recibe el sobre rojo: en unos meses acaba la Universidad y empieza a trabajar, con lo que el próximo año ya le toca dar dinero.
Un poco más tarde, los más jóvenes (una vez más) acudieron a un pequeño templo budista acompañados por la abuela. Era un templo muy pequeñito, cerca de su casa, donde no había nadie. Allí se volvió a ofrecer comida (cacahuetes, refrescos, pipas, mandarinas…) a los dioses y recitar algunas “oraciones”.
Uno de los Dioses era el encargado de dar buena suerte en los estudios, así que todos los niños hicieron varias referencias frente a él. Especialmente una de las sobrinas de Xiao Mao, que este año tiene que hacer el examen de entrada a la Universidad (el gaokao -??-, más o menos como la selectividad española)
Después de volver a casa de su abuela, nos fuimos bastante pronto a casa, sobre las diez de la noche. Fue una cosa que me sorprendió, porque uno de los momentos culmen de la víspera de Año Nuevo se produce a las doce la noche: cuando una traca de petardos enormes recorre todo el país. Es la forma de acabar con esta noche tan especial y de dar la bienvenida al Año Nuevo.
Nota: una de las tradiciones más arraigadas es la de comer jiaozi (raviolis)en esta víspera de Año Nuevo Chino. En esta familia, como en muchas otras del Sur del país, no se vieron los jiaozi por ningún lado.
Nota (II): la experiencia en esta familia fue increíble, porque finalmente pude ver con mis propios ojos todo lo que había leído sobre las celebraciones del Festival de Primavera. Mi experiencia el año pasado en Nanjing no fue tan tradicional.
Más:
Año Nuevo (II): el gran día,
Año Nuevo Chino (III): el día después
Chongqing (IV): la picante
[publicado para el proyecto Visiones]
Chongqing parece una ciudad en guerra. La mitad de los edificios están destrozados, es frecuente encontrar sofás en medio de la calle y trozos de tejas rotas en la acera. Explanadas enteras, miles de metros cuadrados están hechos escombros. Las casas que tienen ventanas en Chongqing no tienen puertas, y las que aún tienen tejado suelen tener algún agujero por el que se puede vislumbrar la cocina. La neblina que invade la ciudad ayuda a darle un toque aún mas fantasmagórico, como si las bombas recién caídas el día anterior hubieran dejado su rastro por toda la ciudad.
En medio de este ambiente bélico, la ciudad es un caos. No se trata de una especie de laberinto a la europea, de pequeñas calles antiguas que han sobrevivido al paso del tiempo. Es un desorden mucho más profundo, donde las avenidas van en todas direcciones, hay cientos de calles sin salida, carreteras que se levantan a decenas de metros del suelo y trenes que pasan por encima de tu cabeza. La ciudad es decrépita y amaga con cierto futurismo.
Chongqing se encuentra entre dos ríos (uno de ellos el Yangtse, el tercer río más grande del mundo) y está plagada de montañas y vegetación salvaje. No quiere decir que las montañas rodeen la ciudad, ni que los ríos formen parte de una ruta comercial; quiere decir que Chongqing huele a tierra y sabe a agua salada. Por eso los mapas tradicionales son inútiles en Chongqing: porque no aparecen las montañas, los valles ni los árboles. Es una naturaleza enorme, gigantesca, inabarcable; tan abrumadora que impone respeto pasear por el puerto y las avenidas improvisadas junto al río. Uno se siente muy pequeño frente a la imponente Chongqing.
Chongqing huele a picante, en cada esquina, en los mercados del puerto, en los restaurantes. La ciudad es conocida por su plato estrella, el huoguo (??), una pota donde se pueden cocinar todo tipo de alimentos (bolas de pescado, algas, ternera, verduras, toufu, patatas…) en una salsa roja cuyas gotas parecen salpicar toda la ciudad. El huoguo de Chongqing es tan picante que el olor te limpia la nariz y la garganta, te deja la boca insensible y los labios ardiendo durante horas.
Chongqing es un buen ejemplo de como las ciudades, las personas y la comida se funden en un lugar. El huoguo (picante, profundo, rojo, grasiento) define no sólo esta enorme región de China (30 millones de habitantes), sino también sus habitantes. De Chongqing se dice que no sólo tiene las mujeres más bonitas del país, sino también las más picantes (la -?-). Esto quiere decir que son hermosas, pero que tienen muy mala leche. Como Chongqing.
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Chongqing (I): impresiones
Chongqing (II): surrealista
Chongqing (III): fotos
Chongqing (II): surrealista
Paseando por Chongqing, me parecía estar en una ciudad imposible, surrealista. Era una mezcla de decrepitud con modernidad, de destrucción junto a reconstrucción, todo ello bañado por una niebla permanente, las montañas y el río. Tenía la sensación de que lo que estaba viendo no era posible.
El mayor momento de surrealismo llegó con la imagen de arriba. Está tomada a las orillas del río Jialing. Como veis esta zona estaba medio derruida, con escombros por todos lados, pero al mismo tiempo hay una especie de puente recién construido por el que pueden pasar los viandantes. Por otro lado, los alrededores parecían una feria: había puestos para comprar dulces, para disparar con carabina, tirar dardos…
Y si os fijáis bien, a la derecha había una especie de montaña rusa… pero en la que había que mover los vagones pedaleando. De verdad, una escena muy surrealista.
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Chongqing (I): impresiones
Chongqing (III): fotos
Chongqing (IV): la picante
Chongqing (I): impresiones
Cuando la gente me dice que en una ciudad no hay nada que ver, suelo ser tan cabezón que acabo yendo para llevar la contraria. Al igual que me pasó con Shenzhen, Guangzhou (I, II, III) o Tianjin (todas ellas ciudades supuestamente sin interés), Chongqing me encantó. No puedo decir que sea una ciudad maravillosa para vivir ni que sea de gran interés histórico, pero me pareció muy muy interesante.
Para empezar, porque se encuentra en un enclave natural apabullante. Desde que llegué a la ciudad tuve la sensación de estar en la película Naturaleza Muerta, de Jia Zhangke, con esas montañas en estado bruto que no te dejan ni un segundo. Chongqing se encuentra en la confluencia de dos ríos, el Yangtse (el tercero más grande del mundo) y el Jialing, lo cual le da a la ciudad un aire muy místico. Caminando por el centro de la ciudad y sus alrededores, uno tiene la sensación de encontrarse en medio de una selva.
Otro aspecto que es impactante en Chongqing es la pobreza -al menos aparente- en la que se encuentra la ciudad. He viajado por unas cuantas regiones de China, pero nunca había visto tantas casas destrozadas, camas por el suelo y gente (mucha, mucha gente) viviendo casi entre los escombros. Algunos de los comercios (donde también duermen sus dueños) están directamente en cuevas entre las montañas. Viajando en autobús por las afueras de la ciudad, no pude contener las lágrimas al ver la miseria en la que se vive en Chongqing.
Me sorprendió especialmente porque Chongqing es una de las regiones más desarrolladas de la zona (es la tercera ciudad que más crece del país), una municipalidad a la que está llegando mucho dinero. A parte de eso, su situación geográfica (se supone que todavía más con la construcción de la Presa de las Tres Gargantas) le asegura un puesto importante en las rutas comerciales del país.
Cuando les pregunté a algunos amigos chinos de Chongqing, hasta se sorprendieron de que yo estuviera tan impactado por la pobreza de la ciudad. Me dijeron que Chongqing había mejorado mucho, que la situación económica cada vez era mejor y que la ciudad estaba en construcción (según la Wikipedia, todos los días se añaden 137.000 metros cuadrados de obras). Lo cual salta a la vista por todas partes.
Aún así (o tal vez precisamente por eso), la ciudad es un auténtico caos. Las condiciones geográficas hacen complicado construir cualquier cosa en Chongqing, por eso las autopistas y líneas de tren van casi todas por el aire. Los mapas son de poca utilidad en Chongqing, porque en ellos no aparecen las montañas. Algunas avenidas no llevan a ninguna parte, hay calles cortadas, caminos en medio de las montañas… Todo eso le da un aire caótico a la ciudad, extravagante, casi surrealista.
A parte de todo esto, Chongqing tiene una cosa que uno no puede perderse: el huoguo (??). La ciudad presume de ser la precursora de este plato típico que hoy se puede comer por casi todo el país, una olla donde se cocinan todo tipo de alimentos (bolas de pescado, ternera, algas, calamares, toufu…). En Chongqing se supone que se puede comer el mejor huoguo del país, el más auténtico… y también el más picante. Para los flipados de la comida china como yo, casi merece la pena acercarse hasta Chongqing aunque sólo sea para probarlo.
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Chongqing (II): surrealista
Chongqing (III): fotos
Chongqing (IV): la picante
Escuelas en el campo
Si pude descubrir el pequeño pueblo de Wugang, fue porque un amigo chino me invitó a su casa. Kevin (así le gusta que le llamen) estudió en Xian y en Pekín, pero, después de acabar dos carreras, decidió volver a su pueblo. Aunque en la capital de China podría haber tenido más oportunidades (Kevin estudió en la que está considerada la mejor universidad de China, la Universidad de Pekín), aún así decidió volver a Wugang. El motivo no fue otro que ayudar al desarrollo del campo en China, esos pueblos que se van quedando atrás en medio del gran despegue económico de las ciudades. Kevin quiere que los niños de su pueblo tengan las mismas oportunidades que los que viven en las ciudades. Por eso decidió volver.
Uno de los problemas más importantes en el campo y las regiones interiores de China es la fuga de cerebros. Los mejores estudiantes se van a las ciudades costeras, donde tienen salarios más altos y mejores condiciones de vida. “Nadie quiere volver a Wugang, al campo -me dice Kevin mitad cabreado mitad orgulloso de su decisión-. Aquí no hay McDonald´s. Sólo hay un sitio donde se puede tomar café y es carísimo. No hay pizza. Todo el mundo se queda en las grandes ciudades”.
En el campo de la enseñanza, en el que Kevin está más implicado, esto repercute en la calidad del profesorado: casi todos los profesores son mayores, con ideas conservadoras y todavía pegados a los métodos tradicionales de enseñanza. Kevin y su mujer, Victoria (ellos siempre utilizan sus nombres en inglés, incluso entre ellos), decidieron montar en Wugang una academia de inglés. Alquilan un par de aulas en una guardería y una Universidad y dan clases privadas a niños desde los 3 hasta los 15 años. Cuando estuve allí les eche una mano con los niños más pequeños y me quedé prendado de una chica de cinco años, Mia, que era sin duda alguna la más espabilada de todos los alumnos. Su pronunciación en inglés era excelente, era la más activa, la primera en responder, la más lista; y aún así nunca era irritante, nunca impedía el desarrollo normal de la clase. Cuando le pregunte a Kevin por ella, se puso un poco triste: “A los profesores de la guardería no les gusta nada Mia. La critican muchísimo. Incluso hablan con sus padres y les echan la bronca”. Victoria y Kevin me explicaron que los profesores preferían a los estudiantes callados, que están siempre sentados en sus pupitres y nunca hacen preguntas. Este es todavía en muchas ocasiones el modelo de estudiante perfecto en China.
La masificación en las aulas (no sólo en el campo) es otro de los factores claves para conocer la calidad de la enseñanza en China. Kevin me comentó que en algunos institutos de la zona llegaba a haber hasta 120 o 160 alumnos por clase. Los profesores tienen que hablar con micrófono (cuando lo hay)ya en el instituto. A pesar de la política del hijo único (que como sabéis tiene excepciones en el campo), cada vez más niños llegan al instituto y a la Universidad. Esto hace que muchas clases estén masificadas.
Pero, ¿qué pasa con todo el desarrollo económico chino? ¿no ayudan esas grandes cifras de crecimiento del PIB a mejorar la educación? Kevin me respondió con una frase lapidaria: “la educación no puede seguir el ritmo de la economía”.
Otro de los problemas de la educación china, no sólo en el campo, es la diferencia que puede haber entre unas escuelas y otras, entre unos institutos y otros. En España prácticamente da igual a que instituto o incluso a que Universidad asistas. En China no. Hay institutos de primera e institutos de segunda, y tu puesto de trabajo va a depender en gran medida de la Universidad en la que hayas finalizado tus estudios. Por eso la competencia suele ser feroz ya desde el instituto. Aún así, no sólo las notas cuentan a la hora de tener una buena educación en China. “Los ricos siempre se las apañan para entrar en los mejores institutos. Por eso los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres”.
[Por cierto, que si alguien está interesado en echarle una mano a Kevin y a Victoria, no tiene más que ponerse en contacto conmigo. Organizan estancias de algunas semanas o meses en Wugang, donde poder ayudarles con las clases de inglés y al mismo tiempo conocer la región]
Guangzhou, abierta al mundo
Durante siglos y siglos, Guangzhou fue la puerta de entrada y de salida de China. Aquí llegaban nuevas ideas y productos desde todos los rincones del mundo; y de aquí salían los preciados productos chinos que se compraban en Asia o Europa.
Esto fue así ya durante la Dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.) y alcanzó su máximo esplendor con los Tang (618 – 907). Durante esta última época Guangzhou se convirtió en el punto de partida de la ruta de la seda marítima, la mayor ruta comercial por mar durante la Edad Media. Guangzhou acogió entonces muchas influencias extranjeras (los Tang siempre mostraron gran interés por todo lo que llegaba de fuera del Imperio) y una gran fuente de ingresos (de hecho, se la llamaba el “preciado granero del Sur”).
En esta época, en el siglo VII, se construyó en la ciudad la Mezquita del Recuerdo del Profeta, considerado el primer templo musulmán construido en China. Se dice que fue edificada por el primer misionero musulmán en China, un tío de Mahoma, y nos muestra ya lo abierta que estaba Guangzhou al mundo.
Vídeo (un poco cutre, que le vamos a hacer) sacado en el museo de Guangzhou que muestra las rutas comerciales de la ciudad durante las Dinastías Han, Tang y Song.
Mucho más tarde llegaron los portugueses a la región (con esa idea de que China había estado cerrada al mundo), que finalmente se quedaron con Macao (1557); y los jesuitas, que antes de llegar a Pekín se instalaron en Zhaoqing, al oeste de Guangzhou. Una vez más, Guangzhou y Guangdong eran la puerta de entrada y salida de China.
Ya en el siglo XIX, la apertura al mundo de Guangzhou le deparó nuevos acontecimientos, entre ellos las Guerras del Opio y la rebelión Taiping (1848-1864), que nació en Huaxian, a 40 kilómetros de la ciudad. Durante el siglo XIX, los cantoneses también fueron los primeros en emigrar a Estados Unidos, Canadá o Australia y los primeros en cursar estudios en Estados Unidos.
El primer grupo de niños estudiantes en EE.UU.; 24 eran de la provincia de Guangdong.
Pionera en muchos aspectos, Guangzhou casi siempre fue la primera en abandonar el continente y en acoger otras culturas. Incluso durante el mayor aislamiento comunista, la Feria de Cantón era una de las pocas formas de hacer negocios con el mundo. Puede que las políticas de los gobernantes cambien con el tiempo, pero la geografía no cambia nunca. Hoy, Guangzhou sigue su camino histórico, abierta al mundo.
El primer aviador chino, también cantonés.
Guangzhou la vieja
A pesar del desarrollo económico de Guangzhou, la ciudad respira humanidad por los cuatro costados. De hecho, si tengo que elegir algo de esta ciudad (una de las que más me ha gustado de China) me quedó con sus parques, con los bailes improvisados en cada esquina y con las partidas de mahjong y ajedrez por la calle. Una ciudad donde la gente todavía baja en pijama y zapatillas a la calle; un lugar donde la modernidad convive con el estilo campechano; y lo mejor es perderse por sus callejones y contemplar la rutina de sus mercados.
Dentro del espectáculo que suponen los parques chinos, nunca había visto ninguno tan lleno de vida como el que se encuentra al norte de la universidad Sun Yat-Sen. La gente acude aquí para aprender a bailar, hacer ejercicios de taichi, cantar algunas canciones con el coro, jugar a las cartas o simplemente pasear. Otro que parece un circo lleno de vida, en pleno centro de la ciudad, es el Parque de Renmin (????).
Frente a lo que había escuchado (muchísima gente me había dicho que en Guangzhou no había nada interesante que visitar), lo cierto es que la ciudad tiene una oferta espectacular. Desde la Isla de Shamian (???) hasta el Templo de las Seis Higueras (???), pasando por el Templo de Guangxiao, el interesantísimo Museo de Arte de Guangdong o el famoso Parque de Yuexiu (????).
Templo de Guangxiao (????)
Toda una oferta donde acercarse a la historia y cultura de esta ciudad, que tiene otro de los museos más interesantes que he visitado nunca, el de la Tumba Yue del Sur (????). Sólo por echar un vistazo a este museo merece la pena acercarse a Guangzhou. En él se encuentra la tumba del emperador Wen, uno de los gobernantes en la zona (se le llamaba reino Yue) durante la dinastía Han occidental (206 a.C. – 8 d. C.). En el museo se puede ver el lugar exacto donde estaba enterrado, junto a sus cocineros, algunos objetos de su vida cotidiana y sus concubinas. En el resto de salas adyacentes se pueden examinar los objetos que se encontraron en la tumba, entre ellos los sellos del gobernador, sus instrumentos musicales y su traje funerario de jade. Un museo muy bien estructurado y con algunas reliquias impresionantes. Un muy buen sitio para acercarse a los rituales funerarios chinos.



















































