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Soitu echa el cierre
El que ha sido probablemente el mejor diario digital en español ha cerrado. Soitu, que se caracterizó por la innovación, su estilo fresco, contenidos arriesgados y la participación de sus usuarios, no ha podido soportar la crisis.
Yo comencé a colaborar con Soitu hace apenas un mes, pero seguía este medio como ejemplo del periodismo en Internet desde hacía tiempo. Cuando alguien me preguntaba cómo sería el futuro en la web y cómo había que hacer periodismo, siempre respondía lo mismo: Soitu.
Una pérdida que nos ha mostrado cómo se tienen que hacer las cosas en Internet y que sin embargo no ha podido ser rentable. En un momento en el que muchos (yo incluido) apuestan por los medios en Internet y un cambio en el modelo informativo, lo cierto es que Soitu ha hecho todo eso (y muy bien) y no ha podido sobrevivir. ¿Llegó Soitu demasiado pronto? ¿La sociedad (o los anunciantes) no estaban preparados para tanto? La triste realidad es que el buen periodismo en la Red parece que todavía no es rentable.
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Periodismo 2015: Un ejemplo que marca un camino
En China se triunfa en el karaoke
[publicado en Soitu]
Olvídate de bares de copas y discotecas. En Pekín, la fiesta está en los karaokes. No importa tu edad ni tu condición social: desde adolescentes hasta mayores, pasando por pobres estudiantes y ricos empresarios, todos se lanzan al micrófono como principal forma de diversión. Según los hombres de negocios más experimentados, en China los contratos multimillonarios se firman en los karaokes. Si no has pasado por uno de ellos, se puede decir que no has estado en el país.
Para empezar, uno tiene que olvidarse de los pocos karaokes que ha visto en Occidente. En China, como casi siempre en Asia, los karaokes están formados por pequeñas salas privadas de unas diez personas. Aquí no se canta para todo el bar; se canta con y para los amigos. Aunque hay establecimientos de todo tipo, el equipo de sonido y equipamiento pueden sorprender a los más despistados: pantallas planas de más de 30 pulgadas, dos micrófonos por sala y ordenador para seleccionar las canciones. Todo muy moderno e informatizado.
Algunos locales, como el Tango de Pekín, ofrecen comida y bebida gratis (todo lo que tenga alcohol se paga aparte). En este excepcional local de la capital de China, que sorprende por su estilo vanguardista y espléndido servicio, se puede alquilar una sala por 360 yuanes (36 euros) desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana. Seis horas durante las cuales disfrutas de buffet libre: hamburguesas, sushi, pastas, verduras, ensaladas y todos los refrescos que te puedas beber. Nada como algo de comida entre canción y canción.
¿Qué se puede cantar? Por suerte para los que no estamos demasiado familiarizados con la música china, la mayoría de karaokes suele tener una buena selección de canciones en inglés. The Beatles, Michael Jackson, The Eagles o Avril Lavigne están entre los clásicos que los expatriados no se cansan de cantar. El español suele sonar muy poquito, aunque siempre se puede probar con Shakira, Ricky Martín o Juanes. Y si quieres impresionar con tu chino y pasar por un lugareño, puedes aprenderte algunas de las canciones más emblemáticas de los karaokes chinos: entre ellas , la marchosa “La chica de enfrente, Amigos, la clásica Dulce amor o la romántica A los ratones les gusta el arroz.
Sea cantando en chino o en otro idioma (el japonés y coreano siempre están presentes), una experiencia auténtica en un karaoke (también llamados KTV) tiene que ser de la mano de los locales. Los karaokes son mucho más que un lugar para cantar: es un espacio privado donde divertirse y donde cabe todo. Bebidas, cigarrillos y ligues acompañan las canciones con naturalidad. Los karaokes, en cierto sentido, son como nuestros bares de copas. Y merece la pena descubrir como se lo montan los chinos.
En Pekín, uno de los lugares más impresionantes para darse a la canción es el Wain Wain, un desconocido karaoke y restaurante japonés situado en la planta número 35 de la parte más moderna de la ciudad. Las salas de este karaoke son como tatamis, muy acogedoras, y el local oferta servicios con comida y bebida hasta que te canses (en este caso, alcohol incluido). Pero lo más espectacular de este lugar son las vistas: con unas amplias cristaleras, puedes disfrutar de las luces de los rascacielos de Pekín mientras entonas la Macarena.
Antes de que os dejéis llevar por las luces de neón de los KTV, una advertencia: algunos de ellos disponen de señoritas que ofrecen servicios especiales. En la ciudad de Hangzhou, cerca de Shanghai, unos amigos recién hechos me llevaron al karaoke que ellos frecuentaban cada fin de semana. En cuanto nos instalamos en nuestra sala privada, y ante mi sorpresa mayúscula, la ‘mama’ del local comenzó a presentar a las chicas que estaban disponibles esa noche. No siempre se acaba en la prostitución, pero las señoritas de compañía (que cantan, beben y juegan a los dados con los clientes) son un fenómeno frecuente en China.
Una selección de los mejores de Pekín
- Partyworld: la famosa Qiangui, una empresa de origen taiwanés que se ha hecho de oro en China, es casi sinónimo de karaoke. Bajo el nombre de Partyworld, disponen de uno de los mejores equipos de sonido, la mayor variedad de canciones en inglés y un buffet inacabable. El clásico de los clásicos.
- Wain Wain: este local situado en las alturas de Pekín no sólo ofrece algunas de las mejores vistas de la capital, sino una buena selección de comida japonesa y occidental a precios razonables. A parte del karaoke, también se puede jugar a la Nintendo Wii.
- Tango: cerca de El Templo de los Lama, es una opción diferente, elegante y con muy buena comida. El local ofrece la posibilidad de grabar en un CD tus actuaciones musicales. Si te cansas del KTV, siempre puedes cambiar a la discoteca de la primera planta o a la sala de conciertos de la tercera.
- Melody: una de las cadenas de karaokes más famosas de Pekín, con varios locales en la capital. Ambiente agradable, un montón de canciones en inglés y excelente sonido. Como en el resto de karaokes, los horarios menos habituales (todo lo que no sea fin de semana por la noche) son los más económicos.
Pekín is cool
[escrito para Soitu]
Un paseo por la escena underground de la capital china
La primera vez que me encontré con Lifu, un joven de la escuela de cine que siempre viste de negro y al que todo el mundo confunde con un coreano, me di cuenta de que me adentraba en terreno desconocido. Los sitios a los que me llevaba no aparecían en las guías de viaje y no era el típico joven chino obsesionado con los estudios y el dinero. Fue gracias a Lifu, este veinteañero amante del rock británico, que comencé a explorar el Pekín más cool, los lugares donde se mueve la cultura underground en China.
La zona preferida de Lifu está en torno a la Torre del Tambor (conocida popularmente como Gulou), en el centro de Pekín, un lugar que todavía conserva el espíritu de pueblo de la que hoy es una urbe de 17 millones de almas. En medio de estas casas de un solo piso, hutongs enrevesados y el lago de Houhai, han surgido locales de diseño de ropa, restaurantes minimalistas, salas de conciertos, tiendas de música y cafés para bohemios. Una marca de ropa popularizó el espíritu de estos jóvenes alternativos en una de sus camisetas, donde tres caracteres y un corazón lo resumían perfectamente: “Amo a Gulou”.

Mi amigo Lifu me hizo darme cuenta de una cosa: en Pekín, los lugares más cools están casi siempre relacionados con el Rock and Roll, un estilo de música que la mayoría de chinos consideran “demasiado ruidoso”. Es por eso que el Mao Livehouse, un local en Gulou que programa conciertos de miércoles a domingo y cuenta con el mejor equipo de sonido de la ciudad, se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos de Pekín. Por aquí han pasado algunos de los grupos chinos más conocidos (Carsick Cars, Brain Failure, Lonely China Day, Queen Sea Big Shark), que tocan con la imagen de fondo de Mao Zedong (otra paradoja más de la nueva China) y ante los que la audiencia se vuelve loca. En los grandes conciertos, no hay nada como el Mao para romper con los estereotipos de la juventud china: saltos, empujones, compañerismo, gritos… lo importante es dejarse llevar por la música.
En eso están muchos otros locales de Pekín, como The Star Live, 2 Kolegas, 13 Club o Yugong Yishan. Otro del que uno no puede olvidarse, a pesar de estar en la alejada zona de las universidades, es el D-22. Este local es un refugio con estilo, sin vanas pretensiones, con mucha personalidad y con el rock independiente chino como bandera
de su parrilla musical. El local tiene su propia discográfica, Maybe Mars, y se ha encargado de promocionar a algunos de los grupos underground más famosos del momento: Hedgehog, PK14, The Scoff o Joyside. “Dentro de 30 años, la gente en China va a pensar que estos años fueron una locura”, me comentó Michael Pettis, el trotamundos estadounidense que dirige el D-22. Este bar es uno de los causantes de mantener esa locura todos los fines de semana.
Lo bueno de la escena de música alternativa de Pekín es que todavía no se ha profesionalizado. Todos los grupos, a pesar de que alguno haya cosechado premios internacionales, no se pueden desprender de un aire amateur al subir al escenario. Al contrario de lo que pasa en algunas capitales europeas, las oportunidades para los principiantes son muchas: mi amigo Lifu, con su reciente grupo Oliver, ya ha tocado en los principales garitos de la capital de China.
De vuelta a Gulou, el rock ha dado paso a una nueva tendencia en el mundo de la moda. Los que quieren ser diferentes en Pekín acuden a las numerosas tiendas que han surgido en esta zona, donde hay establecimientos de ropa de segunda mano, marcas alternativas asiáticas y toda una nueva fiebre de diseñadores independientes. Entre estos últimos, que se han instalado hace tan sólo un par de años, se puede echar un vistazo a las nuevas creaciones de Zakka, Plastered-8, la retro Bye Bye Disco o Navel. En China es complicado encontrar gente rara, pero en Gulou el paisaje urbano es distinto: pantalones sueltos, tatuajes, piercings, fundas de guitarra, pelos teñidos de cualquier color, sombreros del siglo XIX, hombres que se meten mano y camisetas reivindicativas forman parte de un barrio lleno de historias nocturnas.
Cuatro siglas, NLGX, (que incluso se han convertido en otra marca de ropa) llevan a otro de los templos de lo cool en Pekín: Nanluoguxiang. Este antiguo hutong, aunque se haya convertido en una atracción turística de tercer orden, ofrece la oportunidad perfecta para imitar a los bohemios parisinos: puedes comprarte una pipa a lo Sherlock Homes, escribir tus notas sobre las libretas de tapas de cuero a 40 yuanes (4 euros) y apurar tu café en los cómodos sillones que dan a la calle. Nanluoguxiang, con una red wifi que recorre toda la calle gracias a sus restaurantes y cafeterías, se ha convertido en el refugio de corresponsales, artistas, escritores y bohemios.

Todos estos bares, cafeterías y tiendas de diseño de Gulou se encargan también de promocionar otro tipo de actividades underground: desde pequeños conciertos con guitarra en el Guitar Bar hasta lecturas de poesía china en el Jianghu, pasando por grupos de Xinjiang en el hispano Salud, películas todos los días en cinéfilo 16mm o exposiciones de fotografía en el Interesting Photo. También es un buen lugar para comprar películas chinas y rusas de la época comunista, posters de la Revolución Cultural o la música alternativa que se escucha en los locales cercanos y que es imposible conseguir en el resto de la ciudad (y del país).
Lejos de Gulou, al noreste de la ciudad, tres números dan la clave para descubrir otro de los lugares más chulos de Pekín: 798, el distrito artístico más famoso de China. Este antiguo complejo industrial se ha reconvertido en un agradable conjunto de galerías de arte, librerías y cafés, un lugar imprescindible para tomarle el pulso al movimiento cultural de Pekín. Para aquellos que todavía quieran explorar más, Songzhuang, un pueblo situado a las afueras de la ciudad, se ha convertido en el lugar de residencia y trabajo de los artistas más marginales y desconocidos. Y Sunzhuangcun, cerca de la estación de metro Liyuan, donde los salarios son más asequibles para aquellos que viven de sus creaciones artísticas, también se ha transformado en un reducto interesante de los rockeros más ruidosos.
Por si te has quedado con ganas, más sitios guapos:
* Bed and Bar: un local donde te puedes tomar una cerveza tumbado en la cama. Tendrás que tener cuidado de no quedarte dormido, porque el lugar es de ensueño: las habitaciones privadas, el patio interior tradicional chino y la vegetación hacen de este sitio uno de los más cools de Pekín.
* Jiangjinjiu Bar: a diez pasos de la Torre del Tambor, el Jiangjinjiu Bar es un lugar ideal para escuchar los sonidos de las minorías étnicas chinas: los grupos mongoles, tibetanos y de Xinjiang siempre se pasan por aquí.
* 2 kolegas: otro de los lugares más guays para escuchar música alternativa, innovadora y arriesgada. El local parece la casa desordenada de un adolescente (en el baño te puedes encontrar el cepillo de dientes de alguno de los trabajadores), pero ahí reside su encanto.
* Jianghu: como en muchos otros casos, lo más guay del momento está muchas veces relacionado con la vuelta al pasado. El Jianghu es buen ejemplo de ello: este local situado en las inmediaciones de Nanluoguxiang organiza lecturas de poesía china, piezas de teatro y conciertos con instrumentos tradicionales chinos.
* Yugon Yishan: de todas las actividades que organiza este local, una de las más interesantes son las películas de los domingos. La asociación Cherry Lanes se encarga de traer películas que no están a las salas comerciales, pero que casi siempre responden a las expectativas del cinéfilo más exigente.
* Music Space: situada en Nanluoguxiang, esta tienda es el lugar ideal para comprar los CD´s de los grupos más interesantes del momento.
* Festivales de música: son la mejor ocasión para disfrutar de los mejores grupos de rock del país y ver concentrados en unos pocos metros cuadrados a todos los locos (en el buen sentido) de Pekín. El más conocido es el Midi Festival, que normalmente se celebra en mayo. Otro que uno no puede perderse es el Modern Sky Festival, en octubre.





