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El boicot olímpico visto desde China
[Artículo escrito para el Centro de Colaboraciones Solidarias]
Tras las violentas protestas de tibetanos en Lhasa y otras regiones de China, ha comenzado a tomar fuerza en algunos colectivos occidentales la idea de un boicot contra los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Los motivos son, según dicen sus portavoces, defender los derechos humanos en China, criticar a un Gobierno que oprime a sus minorías y apostar por una mayor apertura del régimen de Pekín.
Pero, ¿cómo son tomadas estas críticas por la población china? Casi siempre olvidados por los medios occidentales, conviene tener en cuenta los puntos de vista de esos 1.300 millones de chinos, que serían los que sufrirían los efectos de semejante boicot.
Para empezar, conviene decir que los chinos asisten sorprendidos a las campañas organizadas en contra de su Gobierno. La inmensa mayoría de la población apoya las reformas de los últimos años, está contenta con los derechos que se van reconociendo y entusiasmada con la celebración de las Olimpiadas. Un boicot a los Juegos, en contra de lo que dicen algunas asociaciones, cuenta con un rechazo masivo por parte de la población china.
En segundo lugar, los chinos se sienten incomprendidos. Los ciudadanos tienen la sensación de que Occidente no entiende una civilización como la China, que se la juzga con demasiada severidad y que se le aplica una doble vara de medir. Los medios occidentales describen todos los días una China peligrosa y amenazante, en la que Pekín siempre es el malo de la película; donde nunca se habla de las mejoras que ha experimentado la población en los últimos 30 años y donde el doble rasero parece un principio editorial. Los chinos no se reconocen en esa China interpretada por Occidente.
Entre los numerosos ejemplos, muchos chinos se preguntan por el “misterioso” caso de Steven Spierlberg, que abandonó su puesto de consultor artístico para las ceremonias de los Juegos Olímpicos debido a la política china en Darfur. Después de la labor realizada por la Administración Bush durante los últimos años (sin mencionar la política colonial europea en África), algunos se preguntan si Spierlberg ha pensado en abandonar su país como medida de protesta por Guantánamo o la Guerra de Irak. Otros se preguntan por qué el foco crítico de Occidente siempre se ceba con China, mientras pasa de puntillas por países como Arabia Saudí, Israel o Pakistán, todos ellos con importantes lagunas en el respeto a los derechos humanos.
Después de la sorpresa y el sentimiento de incomprensión, muchos chinos ven el boicot a Pekín 2008 como un intento por frenar el ascenso pacífico que el país ha protagonizado en las últimas décadas y una intromisión arrogante de los extranjeros en asuntos internos. Hoy cuarta economía del mundo, antecedentes como la colonización de China durante los siglos XIX y XX o el apoyo económico de la CIA a la causa tibetana hacen pensar que las intenciones de Estados Unidos siguen siendo las mismas: debilitar al gigante asiático e impedir su ascenso ahora que puede.
Desde ONGs y otro tipo de instituciones, la principal causa para apoyar un boicot olímpico es la falta de respeto a los derechos humanos en China. Como bien señalan ONGs, en este país no existe la libertad de prensa, hay torturas en sus cárceles y un control férreo sobre las minorías. Hay escasas garantías judiciales, se intenta impedir la libre circulación de los ciudadanos y es el país con mayor número de condenados a muerte del mundo.
Pero, ¿cuál es la visión desde China? Cualquiera que haya seguido la evolución de las últimas décadas puede afirmar que poco a poco se van permitiendo mayores espacios de libertad y que el progreso de los últimos 30 años es significativo. Aún queda un camino inmenso por recorrer, pero lo cierto es que China vive su mejor momento (económico, político y social) de los últimos 200 años.
Ante la llamada al boicot olímpico, lo más importante es plantearse si esta acción solucionaría los problemas que denuncia. Como afirmaba hace poco Xulio Ríos, gran conocedor de la situación política en China, boicotear las Olimpiadas sería visto por los chinos como una falta de respeto y una muestra de incomprensión; no sólo eso, si no que es de presumir que el país ralentizaría su liberalización y apertura al mundo. Por mucho que se pueda estar de acuerdo con las reivindicaciones del Dalai Lama, una medida tan severa como un boicot olímpico podría ser contraproducente.
Los Juegos Olímpicos son una oportunidad para que China (ella misma) acelere sus reformas políticas y sociales. Apostar por los Derechos Humanos hoy en China consiste en denunciar las injusticias cometidas y en presionar al Gobierno para seguir abriendo nuevos márgenes de libertad. Pero apostar por los Derechos Humanos en China también consiste en reconocer el camino andado en las últimas décadas (para no volver nunca más atrás), en abandonar el doble rasero occidental y en buscar canales de diálogo con las autoridades chinas. Por el bien de los Derechos Humanos, lo mejor que le puede pasar a China (y al mundo) es que la llama olímpica se encienda en Pekín el próximo 8 de agosto.
Lo que nos han contado sobre el Tíbet
China suele ser un país mal visto en Occidente. Con recelos, con miedo. Los medios occidentales se quejan del presupuesto destinado a Defensa, de la falta de Derechos Humanos, de los sueldos miserables de sus ciudadanos, las inversiones en África… En fin, después de leer las noticias que se publican en Occidente sobre este país, uno se pregunta si pasa algo bueno en China. Hay pocos países en el mundo que tengan tan mala prensa como éste.
En los recientes altercados en el Tibet y otras provincias chinas, hemos vuelto a asistir a una información demasiado orientada contra China, simplificada, sin querer entrar al fondo de la cuestión y con numerosas omisiones. Las noticias publicadas en Occidente han enfadado más de lo normal a los chinos, que no comparten la visión ofrecida por los grandes medios informativos. Tanto es así que han surgido iniciativas como la anti-cnn y la anti-anti-cnn, que critican la cobertura realizada por algunos medios occidentales. La propia CNN se ha visto obligada a desmentir estas manipulaciones.
Sé que el trabajo de los periodistas es más difícil de lo que parece. Yo mismo he metido la pata en más de una ocasión y es cierto que estamos hablando de un tema bastante complejo, donde creo que entran en juego estereotipos e ideas preconcebidas que en muchas ocasiones no sabemos que tenemos en la cabeza. De todos modos, voy a intentar abordar algunos de los errores o simplificaciones que creo se han cometido con el tema Tibet-China:
- Tibetanos buenos y chinos malos. Antes de que comenzaran los altercados en Lhasa, China ya había perdido la batalla de la opinión pública. El conflicto entre China y Tibet es desde hace tiempo un enfrentamiento entre buenos y malos. Es lo que Rafael Poch llama una “visión Disney”, donde no hay matices ni escala de grises, y donde los personajes responden al héroe (Tibet) y monstruo (China). Los conflictos son normalmente algo mucho más complejo que un enfrentamiento entre buenos y malos.
- Historia del Tibet. La mayoría de los medios occidentales han resumido la historia del Tibet con la siguiente frase: “1950, el ejército chino invadió el Tibet”. La historia del Tibet es mucho más compleja que todo eso y, como mínimo, China convirtió la región en un protectorado durante la Dinastía Qing (1644-1911). Como dice Xulio Ríos, la historia del Tibet da argumentos a las dos partes (todo depende del enfoque de cada uno), aunque no parece de recibo querer simplificar el conflicto histórico con la frase que hemos citado. En el Financial Times, por ejemplo, empiezan el resumen de la historia del Tibet en 1911, que supongo les vendría mejor.
- Los tibetanos pacíficos. En Occidente, tal vez debido a la influencia de Hollywood, se cree que los tibetanos son pacíficos, espirituales y buena gente. El Dalai Lama aparece siempre envuelto en una aureola divina y la causa tibetana siempre tiene connotaciones positivas. Tal vez por eso (no encajaba en el guión que ya tenían escrito) muchos han omitido que las manifestaciones en Lhasa que provocaron tanto revuelo fueron violentas, quemando hoteles, casas y negocios y atacando a chinos, entre ellos algunos niños. La violencia por parte de tibetanos en estas manifestaciones contra personas inocentes ha sido deliberadamente “escondida” por la mayoría de medios occidentales.
Noticia publicada por El País.
- Nos gustan más las fuentes tibetanas. Es cierto que las fuentes del Gobierno chino son de las menos fiables del planeta, pero eso no quiere decir que las del Gobierno tibetano en el exilio no sean también interesadas. Hay que tener en cuenta que ambos tienen intereses en este conflicto y que ambos están interesados en aportar una visión determinada. Sin embargo, en muchos medios se han utilizado las fuentes tibetanas (sin pruebas fehacientes de que sean ciertas) como realidades demostradas.
- ¿Cuál es la política china en Tibet? Muy pocos medios han intentado abordar lo que pasa de verdad en el Tibet. Casi todos han recogido las palabras del Dalai Lama que hablaba de “genocidio cultural”, pero muy pocos han intentado analizar el origen y la evolución del conflicto. Pocos han citado el régimen que había antes de que llegaran los comunistas, las ventajas de que disponen los tibetanos en China (menos notas para entrar en la Universidad, no tienen que seguir la política del hijo único…) y las enormes inversiones del Gobierno chino. Al público occidental le ha faltado aquí la otra cara del conflicto. Una muy buena aproximación a este tema es la de Peter Hessler en Tibet through Chinese Eyes.
- ¿Qué intereses tiene Occidente en todo esto? Muy pocos medios occidentales se han hecho esta pregunta. El Tibet fue una zona estratégica en la que Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos han tenido intereses a lo largo de su historia. No conviene olvidar tampoco que Estados Unidos, en un intento por desestabilizar a la China comunista durante la Guerra Fría, financió a la guerrilla tibetana e incluso dio importantes sumas de dinero directamente al Dalai Lama. Sin ir más lejos, medios como la Radio Free Asia (frecuentemente citada por los medios occidentales) nació de la CIA y es evidente que el Dalai Lama ha sabido granjearse muchos amigos en Hollywood. La misma semana en la que estos acontecimientos se desarrollaban en Tibet, EE.UU. mandaba barcos de guerra para “proteger” las elecciones en Taiwán (en un mensaje claro a China), anunciaba que aumentaría las emisiones de radio en tibetano y Nansi Pelosi se entrevistaba con el Dalai Lama. Echando un vistazo a la historia y al sentido común, como mínimo cabría preguntarse por los intereses occidentales (sobre todo de EE.UU.) en este conflicto.
- Fotos e imágenes. Debido a lo que hemos dicho más arriba (idea de tibetanos buenos-chinos malos, simplificación del conflicto…) algunas imágenes han sido mal utilizadas por los medios y fallado en el propósito de ofrecer una información objetiva (o por lo menos honesta). Uno de los ejemplos más vergonzosos ha sido el de utilizar imágenes de policías en Nepal o India golpeando a monjes tibetanos como si estuvieran pasando en China.
Noticia publicada por 20minutos donde la información referida a China aparece ilustrada por una foto de manifestantes y policías en Katmandú, Nepal.
Otra que ha creado mucho polémica ha sido la edición de una fotografía publicada por la CNN en la que se recortaron a los violentos manifestantes tibetanos.
Aunque la mayoría de medios occidentales no han hecho mucho caso a estas críticas llegadas desde China, algunos ya han tenido que rectificar. Así le ha pasado al Washington Post, que ha tenido que corregir uno de los pie de foto en el que las imágenes correspondían a Nepal y no a China. Lo mismo le pasó a las alemanas RTL TV y N-TV que hicieron correcciones en su página web los días 23 y 24 de marzo y pidieron perdón al público.
Evidentemente, todo esto parecen pequeños detalles en comparación con la manipulación hecha por los medios de comunicación chinos. Uno de los principales problemas y hostilidad de los medios hacia Pekín viene precisamente de las prohibiciones y la censura chinas, que predisponen a muchos periodistas y ciudadanos contra ella. No sólo eso, sino que impedir a los informadores acceder a Tibet ha impedido que sepamos lo que ha pasado de verdad en los últimos días.
Desde que estoy en China, nunca había visto una diferencia tan grande entre lo que piensa Occidente y lo que piensa China, entre la forma en la que unos y otros interpretan este país. De seguir así, con estas noticias que siempre van contra Pekín y que se olvidan de la otra parte, corremos el peligro de cortar el cable de comunicación con China.
Nota: para los amantes del Youtube, el conflicto de Tibet también ha dejado cosas interesantes: entre ellos “Tibet fue, es y será parte de China” y su réplica “Tibet no fue, no es y no será parte de China”. Más interesante es un vídeo que ya he enlazado más arriba, titulado de True Face of Western Media, donde se muestran algunos de los errores cometidos por los medios occidentales (sobre todo estadounidenses y alemanes).
Un vistazo al XVII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino
Después del análisis tan sesudo del otro día, creo que ya es hora de analizar lo que ha pasado en el XVII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino.
¿Por qué es importante?
Porque es el momento en el que las principales instituciones chinas (Buró Político, Comité Central) se renuevan. Especialmente importante es lo que ha pasado en el Comité Permanente de Buró Político, un grupo de nueve personas que se podría considerar como el Gobierno Chino. Ellos decidirán las políticas chinas durante los próximos cinco años.
Es importante porque estas personas tendrán en sus manos el futuro de 1.300 millones de personas. No sólo eso, sino el reto de lidiar con problemas que afectan a todo el mundo (medio ambiente, relaciones internacionales, Taiwán, empresas extranjeras en China…) En este Congreso, celebrado en el más absoluto de los secretismos, se decide una parte importante de lo que China (cuarta potencia económica) hará dentro y fuera de sus fronteras.
También es importante porque en este Congreso se anunció la línea política que quiere tomar el Partido Comunista Chino para los próximos cinco años y el posible sucesor de Hu Jintao en 2012.
¿Qué ha cambiado?
Lo más importante es que las ideas de Hu Jintao, como consecuencia de la continuidad política, se ven reforzadas. En este sentido, el actual presidente chino es el primero en apostar no sólo por un crecimiento económico cuantitativo, sino también cualitativo. Hu Jintao se ha dado cuenta de las crecientes desigualdades en el país (sobre todo las diferencias campo-ciudad) y el problema de la educación y la sanidad. Hu Jintao apuesta (al menos en teoría) por corregir las injusticias del crecimiento acelerado, dotar poco a poco de servicios sociales a los ciudadanos y proteger al medio ambiente. Incluso se ha hablado de ofrecer seguridad social en 2020. Esto contrasta con la época anterior de Jiang Zeming, cuando sólo se hablaba de mejorar las cifras de Producto Interior Bruto (PIB).
Hu Jintao también ha insistido en la necesidad de cambiar el desarrollo chino y apostar por el desarrollo tecnológico. No es una novedad, pero la insistencia con la que se ha repetido parece querer dejar claro que China va muy en serio con este tema.
¿Quién ha cambiado?
El Comité Permanente (como decía, el núcleo duro del Gobierno Chino) está formado por 9 miembros, de los cuales hay 4 nuevos. Dos de ellos (He Guoqiang y Zhou Yongkang) tienen 63 y 64 años respectivamente, con lo que todos los indicios apuntan a Xi Jinping (54 años, secretario del PCCh en Shanghai) y Li Keqiang (52 años, secretario en la provincia de Liaoning) como posibles sucesores en 2012.
Li Keqiang y Xi Jinping
Ambos políticos pertenecen a lo que se ha dado en llamar La Quinta Generación de políticos chinos. Las principales novedades que incorporan es que disponen de estudios de derecho y economía al más alto nivel (frente a la mayoría de actuales ingenieros) y también que ambos, al igual que Hu Jintao, provienen de regiones pobres de China (Li nació en Anhui y Xi en Shaanxi). Esto podría asegurar que ambos, sea quien sea el elegido, seguirían impecablemente con la eficaz reforma económica al mismo tiempo que intentarían acabar con las desigualdades en el interior del país.
A todo esto algunos analistas añaden la experiencia generacional como un factor que podría traer más reformas (sobre todo políticas) a China. Ambos políticos crecieron en la época de la Revolución Cultural en China y fueron enviados a campos de trabajo, lo que presumiblemente podría dotarles de mayor independencia frente al Partido Comunista y el legado de Mao Zedong. Que una de las primeras cosas que haga el Partido Comunista en tu vida sea alejarte de tu familia, expulsarte de tu ciudad y llevarte al campo a trabajar puede que no sea la mejor forma de lograr tu sumisión.
¿Democracia?
Las actitudes sociales y conciliadores de Hu Jintao podrían ir en una línea democrática y aperturista, aunque hay muchos otros factores que parecen indicar que no se producirán cambios significativos. Aunque Hu Jintao citó en su discurso de clausura la palabra “democracia” 61 veces, las detenciones de los últimos días, el control creciente sobre Internet (incluida la prohibición de Youtube) y el secretismo con el que todo ha vuelto a celebrarse no parecen anunciar cambios significativos.
[Si todavía te has quedado con ganas de más, puedes acudir al especial de IGADI o al informe de Pablo Bustelo para el Instituto Elcano]
Husmeando en el Congreso Nacional Chino
Como sabéis, durante la última semana el Partido Comunista Chino ha estado reunido para decidir la línea política del país y renovar sus cargos. Este XVII Congreso Nacional, que se celebra cada 5 años, tuvo lugar en el llamado Gran Salón del Pueblo de Beijing. En mis ansias por hablar con el amigo Hu Jintao y comentarle un par de cosillas, me estuve dando un paseo alrededor de este edificio donde las máximas autoridades chinas estaban decidiendo el futuro de 1.300 millones de personas.
Como podéis imaginar, esta fue la señal que más veces encontré en mi camino:
A parte de esto, me fascinó comprobar como justo en frente de la arquitectura comunista del Gran Salón del Pueblo se encuentra el Nuevo Teatro Nacional de Beijing. Es un edificio diseñado por el arquitecto francés Paul Andreu, un teatro modernísimo en forma de huevo que contrasta con la emblemática y antiquísima Ciudad Prohibida (que está muy cerca). Es uno de los nuevos edificios que intenta mostrar la modernización china y su entrada en el siglo XXI.
La distancia que veis en la foto de arriba es más o menos todo lo que me pude acercar al Congreso del Pueblo. Una vez más, la política china ha sido discreta y ha hecho poco ruido. Ni declaraciones polémicas ni transparencia política. Descubrir lo que pasa dentro de este edificio es todavía un misterio para chinos y occidentales. El Congreso se ha desarrollado de forma oscura y secreta, como si la Ciudad Prohibida hubiera cambiado de sitio.
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