Boda china (II): ceremonia occidental
[Antes de esto: Boda China (I): ceremonia tradicional]
Después de la parte tradicional de la boda, los novios y los invitados nos deplazamos hasta un hotel, que es donde se llevó a cabo esta parte de la ceremonia y donde comimos. Este ritual no tiene ninguna validez legal (los papeles ya los tenían arreglados desde hacía dos años) y se parece en cierto sentido a las ceremonias occidentales: la novia va de blanco y el novio de traje y corbata.
La ceremonia está dirigida por un joven contratado por la empresa que ha organizado la boda, una especie de showman que parece sacado de Operación Triunfo. Durante el ritual se mezclan canciones chinas y occidentales, el showman les desea la mayor de las felices más de diez veces, se encienden unas velas que forman un corazón, se lanza confeti y se monta una montaña con copas de vino. Para un occidental, la celebración está llena de estos elementos un tanto horteras, muy kitsch.




El hombre del fondo es el maestro de ceremonias, el showman
El showman aprovecha el momento para presentar un poco la historia de los novios y de como se conocieron. Frente a todos los invitados, un amigo por parte de cada uno de ellos dice unas palabras, así como el hermano mayor del novio. La ceremonia es un poco caótica, porque se hacen muchas cosas y sin una lógica aparente. Todo el mundo les desea la mayor de las felicidades, una larga vida juntos, se habla de lo buenas personas que son… El novio también tiene la oportunidad de decir que la primera vez que vio a Zhaochuan “ya sabía que era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida”… Poco después, por supuesto, se intercambian los anillos (con rodilla al suelo incluida).


Pero la parte más emotiva de toda la boda llegó con la aparición en el escenario de los padres. Para escenificar la unión de las dos familias, los padres de él y de ella se sentaron frente a los novios, que les dedicaron unas palabras y les ofrecieron té para reconfortarles. Ella ofreció el té a los padres de él y viceversa. Fue muy emotivo porque, cuando el novio dijo unas palabras, lo hizo con lágrimas en los ojos y llamando a sus suegros de papá y mamá: “En su familia sólo han tenido dos hijas, pero a partir hoy yo me convierto en su hijo. Y pueden estar seguros de que voy a cuidar mucho de su hija”. Como os podéis imaginar, las lágrimas se contagieron con facilidad entre los padres, el novio y la novia.

Otra cosa que es interesante decir es que las bodas chinas en general suelen ser bastante informales y la gente no se arregla demasiado. Esto es diferente en familias que tienen mucho dinero y ganas de demostrarlo, pero en general, como podéis ver por las fotos, casi nadie va de traje y corbata y luciendo palmito. Se monta mucho follón, se bebe mucho, se fuma en todos lados…
Los invitados contemplan la boda
Después de esta ceremonia, que culmina con los novios caminando por la alfombra roja bajo la típica música occidental matrimonial, comienza el banquete. Una de las cosas que me sorprendió es que la mayoría de los invitados estaba en salas privadas de diez o quince personas. Durante la comida, cada uno se va a la mesa que le han dispuesto, de tal forma que es muy difícil que veas a los novios o al resto de invitados (que están en otra sala con sus padres y otros familiares cercanos).
Por cierto, que tras la ceremonia y antes de la comida, los novios se cambian por tercera vez de traje:

Respecto a la comida, pocas novedades en comparación con cualquier otra comilona en China. Mesas redondas, montones de platos para compartir, platos dulces mezclados con picantes, una gran variedad donde elegir… Como siempre, se comienza con los platos fríos y se acaba con los calientes.



El momento en el que uno ve a los novios durante la comida es cuando se pasan por tu sala para brindar. Esto es algo fundamental para la pareja, que tiene que ir mesa por mesa saludando a los comensales y tomándose un poquito de baijiu (el famoso licor blanco de arroz). El padre del novio también tuvo que ir brindado mesa por mesa, aunque debido a su edad sólo hacía un simulacro.

Y así, de repente, a las dos de la tarde, se acabó el gran día. De un momento a otro se pasó del alboroto al silencio. Los platos comenzaron a desaparecer y las señoras de la limpieza a hacer su trabajo. Al parecer, a las dos de la tarde la gente tenía que volver a trabajar. Es lo que tiene hacer la boda un viernes, aunque fuera el día más propicio según el horóscopo y la fecha de nacimiento de los novios.
Tags: boda, fiesta, Henan, Wugang
This entry was posted on Friday, September 11th, 2009 at 6:45 am and is filed under China, Cultura. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.





