La enigmática frontera entre las dos Coreas
[publicado para el portal de viajes de El Mundo, Ocholeguas]
Para los amantes de intrigas y espionaje, el límite entre las dos Coreas es un lugar fascinante. Desde Seúl es muy fácil acercarse hasta la Zona Desmilitarizada para avistar al vecino comunista del Norte y pasear por uno de los túneles construidos para preparar la invasión del Sur.
A pesar de que la Guerra de Corea cesó en la práctica en 1953, no hace falta llegar hasta la frontera para darse cuenta de que todavía no ha terminado. A pocos kilómetros de los rascacielos de Seúl, en el trayecto que llega hasta la Zona Desmilitarizada, se pueden contemplar las torres de vigilancia, alambradas metálicas y soldados surcoreanos armados con metralletas. El motivo de estas medidas de seguridad es controlar el río Imjin, que une las dos Coreas y en el que los norcoreanos han practicado actividades de espionaje.
China en perspectiva
[articulos publicados para el Centro de Colaboraciones Solidarias]
China ya está aquí y ha venido para quedarse. Si queremos solucionar los principales problemas del planeta, sea el calentamiento global, la lucha contra el terrorismo o cualquier crisis económica, ya hay que contar con el gigante asiático. Su pertenencia al grupo de los países más poderosos es un hecho no sólo irreversible, sino que irá aumentando con el paso de los años. A pesar de su espectacular desarrollo económico de los últimos treinta años y de ser el país más poblado del mundo, el desconocimiento en Occidente sobre China todavía es generalizado. Sería importante destacar algunos puntos que tal vez nos ayuden a comprender mejor la realidad en la que se encuentra el país.
1 – Conviene replantearse todo lo que creemos saber sobre China. Aquellos que hemos pasado una larga temporada en Pekín hemos visto como nuestros prejuicios e ideas preconcebidas se iban cayendo con el paso de los meses. La información que llega a Occidente suele ser muy parcial, centrada en los aspectos más negativos y sin capacidad para reflejar los numerosos matices de un país tan grande como éste.
El 90% de los corresponsales occidentales en Pekín no habla chino. Además, éstos no sólo cubren informaciones relativas al gigante asiático, sino a una docena de países que van desde India hasta Australia pasando por Japón. Su formación no sólo es limitada, sino que además muchas veces la sede central de los periódicos no les deja realizar su trabajo con libertad. En el caso de los medios de comunicación españoles, los temas son elegidos y editados desde Madrid, por gente que nunca ha puesto un pie en China. El resultado de todos estos problemas es que la información sobre China no está a la altura de la importancia de este país y se sigue moviendo bajo parámetros claramente eurocentristas [nada como leer Orientalismo, de Edward Said, para comprender este fenómeno].
2 – Los chinos de aquí no son los de allí. Muchos occidentales tienden a trasladar la imagen de los chinos emigrantes que llegan a nuestro país a los chinos que viven en China. La emigración desde el gigante asiático viene de puntos muy concretos del sur del país, con unas características culturales y lingüísticas particulares. Además, estos emigrantes se encuentran en un entorno desconocido y sin dominar la lengua local, con lo que su comportamiento es muy diferente al que tendrían en su lugar de origen.
3 – China es un país muy grande y complejo, por lo que no sería acertado hablar de una sola China, sino de muchas. Cada una de sus provincias suele tener mayor población que los países latinoamericanos. Las diferencias entre regiones como Xinjiang, Yunnan o Zhejiang pueden ser tan marcadas como las que hay entre México, Argentina o Chile. Las condiciones de vida en el campo y la ciudad, el norte y el sur, ancianos y jóvenes pueden ser radicalmente distintas debido a la enorme transformación que ha experimentado el país en los últimos 30 años. Cuando alguien habla o escribe sobre China, es importante saber a cuál de todas ellas se refiere.
4 – China está cambiando. Es muy frecuente referirse a este país como un ente monolítico y estático, donde lo único que se transforma año tras año son los números de su Producto Interior Bruto. La realidad es que la transformación es radical y afecta a todos los aspectos de la vida, desde la producción cultural hasta la educación, pasando por su visión del mundo o el concepto de familia.
5 – Los chinos no están cerrados al mundo. En muchas conversaciones entre occidentales, es recurrente el tópico de que los chinos son una sociedad cerrada en la que es muy difícil entrar. La realidad es que desde 1978, el gigante asiático ha recibido una enorme influencia del exterior, sobre todo de Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Reino Unido y Francia. Los chinos están obsesionados con el aprendizaje del inglés y con todo lo que viene de Occidente. Una reflexión crítica sobre este fenómeno nos haría darnos cuenta de que, se mire por donde se mire, ellos saben mucho más sobre nosotros de lo que nosotros sabemos sobre ellos.
6 – China ha dejado de ser comunista. En el gigante asiático, hay que pagar para ir al instituto y para recibir asistencia en un hospital. Durante los años 90, el país vivió una privatización y americanización masivas. En la China del siglo XXI, la competitividad y los principios de una economía libre son algunos de sus aspectos más destacados. Lo único que queda del Comunismo, junto a una economía relativamente controlada por el Estado (aunque cada vez menos), es una dictadura de partido único que dejó de ser proletaria hace mucho tiempo. El Partido Comunista congenia más con las ideas de Adam Smith que con las de Marx o Lenin.
7 – China sigue siendo un país en vías de desarrollo. A pesar del enorme despegue económico de los últimos treinta años, China ocupa el puesto 92 en el Índice de Desarrollo Humano (un informe realizado por el PNUD y que mide los niveles de sanidad, educación y riqueza de las naciones), por detrás de países como Bulgaria, Turquía o México. Es más que probable que dentro de algunas décadas China sea la mayor economía del mundo, pero sus 1.300 millones de habitantes todavía vivirán en unas condiciones muy humildes.
8 – Los derechos humanos son muy importantes, pero hay que tener cuidado con su politización. Cuando se habla de este país, la primera asociación de ideas que le suele venir a la cabeza a cualquier occidental son sus violaciones de derechos humanos. Éste es el resultado de escuchar a unos medios de comunicación que parecen no saber abordar otros aspectos de la realidad social y política del país.
Es importante saber que para la mayoría de chinos los derechos humanos más importantes, al menos en este momento, pasan por tener un puesto de trabajo digno, un hogar donde no pasar frío ni calor, poder escolarizar a sus hijos, beber agua potable y recibir asistencia sanitaria. Estos son los derechos humanos que preocupan mayoritariamente a la población china.
También es importante distinguir entre aquellos que defienden los derechos humanos y aquellos que los utilizan como arma política para defender otros intereses geopolíticos. Cuando el foco de la opinión pública se dirige hacia un país y no hacia otros conviene preguntarse el porqué. Para muchos chinos, gran parte de la repercusión mediática sobre las violaciones de derechos humanos en China son un intento por desestabilizar al país y frenar su ascenso en la escena internacional.
9 - La población china está bastante satisfecha con su Gobierno. En un estudio realizado en julio de 2008 por el Pew Global Attitudes Project, los chinos encabezaban la lista de ciudadanos más satisfechos con la dirección de su país (un 86% de los encuestados) y que consideraban que la economía iba bien (un 82%). Esta satisfacción con el Partido Comunista viene de haber sacado de la extrema pobreza a 500 millones de personas en las últimas tres décadas y de haber situado a China en el grupo de los países más poderosos. Se mire por donde se mire, el país se encuentra hoy en su mejor momento político, social y económico de los últimos 200 años. Nos puede gustar más o menos, pero es importante conocer que el pueblo chino apoya mayoritariamente a su Gobierno y que de momento nadie ve ninguna alternativa al Partido Comunista.
Para el lector occidental, muchos de estos puntos pueden resultar novedosos o incluso controvertidos. Para alguien que haya vivido en China algunos años, probablemente sean aspectos evidentes de la realidad del país. Para poder acercarnos a China y comprender las cosas que pasan aquí, es necesario hacerlo desde una perspectiva china que analice su evolución histórica y sus raíces culturales. Ellos llevan décadas aprendiendo de los países occidentales; ya va siendo hora de que nosotros miremos hacia China.
Día Noche
Dia Noche es la nueva película de Pangea Films, dirigida por Marcos Miján, excelente director y gran amigo. El film muestra a través de cuatro historias individuales algunos de los aspectos de la realidad china. No es un documental de cifras y datos, sino de sensaciones, olores, conversaciones. Una película muy sugerente, con mucho estilo y con situaciones que el espectador no olvidará nunca.
DIA NOCHE from PANGEA FILMS on Vimeo.
Como habéis visto en el trailer, tengo algunos minutos de gloria.
“¿Eres miembro del Partido Comunista?” se convierte en la frase de moda en China
La pregunta, lanzada por un dirigente local para no responder a las comprometidas cuestiones de un periodista, se ha convertido en expresión diaria y en un nuevo fenómeno en Internet.
La frase se escucha en las peluquerías, en las tiendas de flores y en las conversaciones en la oficina. El “¿Eres miembro del Partido Comunista?”, una frase que ahora va mucho más allá de su significado original, ha corrido como la pólvora en páginas webs, blogs y forums de Internet. Ya no importa el contexto; la expresión vale para casi todo.
Todo empezó en Zhengzhou, la capital de la provincia de Henan (en el centro-este de China), donde un periodista escribía un reportaje sobre la adopción de perros y quería saber a dónde iban a parar los doce millones de yuanes (1,2 milllones de euros) de las tasas de adopción. Tras consultar a uno de los responsables de la ciudad, el reportero acabó hablando con Wang Guanqi, encargado del Departamento de Finanzas, quien respondió a sus cuestiones con la hoy célebre frase “¿Eres miembro del Partido Comunista?”. La pregunta de Wang era del todo menos inocente. Detrás de ella se escondía una amenaza y una negativa a facilitar cualquier información sobre el tema.
La noticia ha alcanzado protagonismo en numerosos blogs y forums de Internet, donde muchos internautas se han quejado de la respuesta del jefe del Departamento de Finanzas. Uno de ellos defendía que “todo el dinero que el Partido Comunista tiene en sus manos es el dinero de los ciudadanos, no del Partido” y que el periodista “tenía todo el derecho a hacer esa pregunta”.
La frase se ha popularizado en Internet, en una muestra más de como la Red se ha convertido en el único lugar para la caricatura y el humor político en China, donde los medios tradicionales están fuertemente controlados por el Gobierno. Y esta no es la primera vez que pasa. En muchas ocasiones, los jóvenes chinos utilizan Internet para transformar este tipo de expresiones burocráticas en parte de la cultura popular. El investigador y experto en temas de comportamiento, Yang Zhongcheng, ha afirmado que es una respuesta de la gente normal ante los abusos de los líderes políticos y una muestra del “enfado” que este tipo de comportamiento provoca en los ciudadanos.
La frase “¿Eres miembro del Partido?” (el cual se refiere al único partido real en China, el Partido Comunista) es la última de una moda que ha incorporado otras muchas expresiones políticas en los últimos meses . Otra de las más famosas es “¿De qué unidad de trabajo (danwei) eres?”, pronunciada por un líder local para librarse de las preguntas de otro periodista. Los danwei son las antiguas empresas estatales chinas, que además del sueldo del trabajador también proporcionan el alojamiento, la comida y los servicios sanitarios. En este caso, conocer el danwei del periodista era una amenaza directa para hablar con sus superiores.
El pasado mes de junio, también en Zhengzhou, otro de los responsables políticos de la ciudad cortó al periodista con otra pregunta: “¿Pretendes hablar en nombre del Partido o en nombre de la gente corriente?”. La frase dio lugar a cientos de posts en Internet y parodias de todo tipo, pasando a ser una expresión más de uso diario entre los chinos.
Formar parte del Partido Comunista Chino, que cuenta con más de 70 millones de miembros y dirige el país desde hace 60 años, todavía es muchas veces garantía de status y beneficios económicos. A pesar de la seriedad del tema y de las dificultades que muchos periodistas sufren para cubrir la información en China, Internet todavía ofrece la posibilidad de reírse del Partido.
Esta imagen fue publicada por el diario de la tarde de Wuhan el 11 de noviembre de 2009. En la imagen se describe la escena que hizo popular la frase “¿Eres miembro del Partido Comunista?”. A la derecha se puede ver al líder local con millones de yuanes a su espalda y a la izquierda al reportero intentando proseguir con su investigación periodística.
Seúl, moderna y detallista
Seúl desprende modernidad en cada una de sus esquinas, restaurantes y avenidas, como si las pocas horas de avión te hubieran trasladado no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. Cuando paseas entre sus rascacielos, te metes en sus centros comerciales o te acercas a un ordenador, uno tiene la impresión de que esto todavía no ha llegado a muchos países, pero que llegará tarde o temprano.
Por encima de esta apariencia exterior, de esas luces de neón que toman las calles por la noche, la modernidad surcoreana se siente como algo interno, algo que emana del comportamiento y la personalidad de sus ciudadanos. En el metro, cada uno de los pasajeros ve los culebrones coreanos en la pantalla de su teléfono móvil. Algunos llevan gafas de pasta sólo por el gusto estético, sin dioptrías de por medio. En las oficinas de información turística, los mapas y folletos han sido sustituidos por lápices de memoria (USB) que los viajeros descargan en su ordenador o teléfono móvil. La surcoreana es una sociedad cableada, moderna, donde las tecnologías han dejado de ser un canal para convertirse en parte importante de la vida. Y esta sensación te produce tantos escalofríos como el de un hombre de la Edad Media que hubiera saltado hasta el siglo XX.

En Seúl, la modernidad ha sido hasta hace bien poco sinónimo de capitalismo (no en vano, el país lleva más de cincuenta años en guerra contra el vecino comunista del Norte). Y la ciudad muchas veces parece sólo existir como una empresa: se encarga de facilitar el transporte, la comida y las horas de trabajo, mientras por la noche las calles se llenan de clientes con ganas de gastarse todo el dinero que han ganado durante el día. Seúl tiene el centro comercial subterráneo más grande del mundo, el Coexmall, un laberinto bajo tierra de tiendas, cafeterías, librerías, salas de máquinas, cine y hasta un aquarium. Y en muchos sentidos, paseando por unas calles llenas de tentaciones a pocos euros, uno siente que en realidad no está en una ciudad, sino en un inmenso centro comercial. Seúl pasa por ser un supermercado gigante.
Como todo lugar lleno de contradicciones, a Corea del Sur se le podría intercambiar la etiqueta de “moderna” por “tradicional”. No habría ningún problema en ello y todo el mundo lo entendería como algo natural. Porque Seúl es dinámica y estática, innovadora y conservadora. Aunque uno se puede pegar un baño en un spa, hacerse las uñas y cantar en un karaoke (todo ello al mismo tiempo), a nadie se le ocurriría romper con la armonía de sus parques. Los surcoreanos construyeron sus templos y palacios atendiendo más a la naturaleza que al hombre, y en el Changdeokgung, un antiguo palacio imperial, uno puede sentir como cada una de las piedras se colocó pensando en las hojas de los árboles que estaban en frente.
Otra de las características de Seúl es su simpleza, marca de la casa en el arte y las consideraciones estéticas. Y el orden, la dedicación, el detalle. Si durante el siglo XIII los coreanos grabaron en tablas de madera los 26 millones de caracteres de las escrituras budistas, con un gusto preciso por el detalle, la sociedad actual se ha dedicado a hacer lo mismo con chips electrónicos. De cuidar bonsáis a ser líderes en tecnología. Todo por ese gusto por la precisión y el detalle, que se siente en las frutas que se colocan en la calle (“armonía”, que dirían ellos) y las piedras que uno encuentra por el camino.
Soitu echa el cierre
El que ha sido probablemente el mejor diario digital en español ha cerrado. Soitu, que se caracterizó por la innovación, su estilo fresco, contenidos arriesgados y la participación de sus usuarios, no ha podido soportar la crisis.
Yo comencé a colaborar con Soitu hace apenas un mes, pero seguía este medio como ejemplo del periodismo en Internet desde hacía tiempo. Cuando alguien me preguntaba cómo sería el futuro en la web y cómo había que hacer periodismo, siempre respondía lo mismo: Soitu.
Una pérdida que nos ha mostrado cómo se tienen que hacer las cosas en Internet y que sin embargo no ha podido ser rentable. En un momento en el que muchos (yo incluido) apuestan por los medios en Internet y un cambio en el modelo informativo, lo cierto es que Soitu ha hecho todo eso (y muy bien) y no ha podido sobrevivir. ¿Llegó Soitu demasiado pronto? ¿La sociedad (o los anunciantes) no estaban preparados para tanto? La triste realidad es que el buen periodismo en la Red parece que todavía no es rentable.
Links:
Periodismo 2015: Un ejemplo que marca un camino
En China se triunfa en el karaoke
[publicado en Soitu]
Olvídate de bares de copas y discotecas. En Pekín, la fiesta está en los karaokes. No importa tu edad ni tu condición social: desde adolescentes hasta mayores, pasando por pobres estudiantes y ricos empresarios, todos se lanzan al micrófono como principal forma de diversión. Según los hombres de negocios más experimentados, en China los contratos multimillonarios se firman en los karaokes. Si no has pasado por uno de ellos, se puede decir que no has estado en el país.
Para empezar, uno tiene que olvidarse de los pocos karaokes que ha visto en Occidente. En China, como casi siempre en Asia, los karaokes están formados por pequeñas salas privadas de unas diez personas. Aquí no se canta para todo el bar; se canta con y para los amigos. Aunque hay establecimientos de todo tipo, el equipo de sonido y equipamiento pueden sorprender a los más despistados: pantallas planas de más de 30 pulgadas, dos micrófonos por sala y ordenador para seleccionar las canciones. Todo muy moderno e informatizado.
Algunos locales, como el Tango de Pekín, ofrecen comida y bebida gratis (todo lo que tenga alcohol se paga aparte). En este excepcional local de la capital de China, que sorprende por su estilo vanguardista y espléndido servicio, se puede alquilar una sala por 360 yuanes (36 euros) desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana. Seis horas durante las cuales disfrutas de buffet libre: hamburguesas, sushi, pastas, verduras, ensaladas y todos los refrescos que te puedas beber. Nada como algo de comida entre canción y canción.
¿Qué se puede cantar? Por suerte para los que no estamos demasiado familiarizados con la música china, la mayoría de karaokes suele tener una buena selección de canciones en inglés. The Beatles, Michael Jackson, The Eagles o Avril Lavigne están entre los clásicos que los expatriados no se cansan de cantar. El español suele sonar muy poquito, aunque siempre se puede probar con Shakira, Ricky Martín o Juanes. Y si quieres impresionar con tu chino y pasar por un lugareño, puedes aprenderte algunas de las canciones más emblemáticas de los karaokes chinos: entre ellas , la marchosa “La chica de enfrente, Amigos, la clásica Dulce amor o la romántica A los ratones les gusta el arroz.
Sea cantando en chino o en otro idioma (el japonés y coreano siempre están presentes), una experiencia auténtica en un karaoke (también llamados KTV) tiene que ser de la mano de los locales. Los karaokes son mucho más que un lugar para cantar: es un espacio privado donde divertirse y donde cabe todo. Bebidas, cigarrillos y ligues acompañan las canciones con naturalidad. Los karaokes, en cierto sentido, son como nuestros bares de copas. Y merece la pena descubrir como se lo montan los chinos.
En Pekín, uno de los lugares más impresionantes para darse a la canción es el Wain Wain, un desconocido karaoke y restaurante japonés situado en la planta número 35 de la parte más moderna de la ciudad. Las salas de este karaoke son como tatamis, muy acogedoras, y el local oferta servicios con comida y bebida hasta que te canses (en este caso, alcohol incluido). Pero lo más espectacular de este lugar son las vistas: con unas amplias cristaleras, puedes disfrutar de las luces de los rascacielos de Pekín mientras entonas la Macarena.
Antes de que os dejéis llevar por las luces de neón de los KTV, una advertencia: algunos de ellos disponen de señoritas que ofrecen servicios especiales. En la ciudad de Hangzhou, cerca de Shanghai, unos amigos recién hechos me llevaron al karaoke que ellos frecuentaban cada fin de semana. En cuanto nos instalamos en nuestra sala privada, y ante mi sorpresa mayúscula, la ‘mama’ del local comenzó a presentar a las chicas que estaban disponibles esa noche. No siempre se acaba en la prostitución, pero las señoritas de compañía (que cantan, beben y juegan a los dados con los clientes) son un fenómeno frecuente en China.
Una selección de los mejores de Pekín
- Partyworld: la famosa Qiangui, una empresa de origen taiwanés que se ha hecho de oro en China, es casi sinónimo de karaoke. Bajo el nombre de Partyworld, disponen de uno de los mejores equipos de sonido, la mayor variedad de canciones en inglés y un buffet inacabable. El clásico de los clásicos.
- Wain Wain: este local situado en las alturas de Pekín no sólo ofrece algunas de las mejores vistas de la capital, sino una buena selección de comida japonesa y occidental a precios razonables. A parte del karaoke, también se puede jugar a la Nintendo Wii.
- Tango: cerca de El Templo de los Lama, es una opción diferente, elegante y con muy buena comida. El local ofrece la posibilidad de grabar en un CD tus actuaciones musicales. Si te cansas del KTV, siempre puedes cambiar a la discoteca de la primera planta o a la sala de conciertos de la tercera.
- Melody: una de las cadenas de karaokes más famosas de Pekín, con varios locales en la capital. Ambiente agradable, un montón de canciones en inglés y excelente sonido. Como en el resto de karaokes, los horarios menos habituales (todo lo que no sea fin de semana por la noche) son los más económicos.
Fiesta Nacional China: especulaciones políticas
En China hay poco debate sobre los líderes políticos: se conoce poco sobre ellos y uno nunca sabe muy bien quiénes son los que toman las decisiones en el gobierno. Por eso, las grandes celebraciones como la del pasado 1 de octubre se llenan de especulaciones sobre los líderes que tienen más poder dentro del Partido Comunista. Aquí van algunos de los temas que están sobre la mesa:
El traje de Hu Jintao: de toda la escenografía de los actos conmemorativos, una de las que más me llamó la atención fue el traje del presidente chino. Al contrario que el resto de políticos del país, que vestían de traje y corbata, Hu Jintao compareció como líder supremo con el más tradicional traje de Sun Yat-Sen (中山装). La mayoría de medios occidentales lo llaman traje de Mao, pero fue Sun Yat-Sen el que lo creó, popularizó y como se conoce en China.
Este traje ya había sido utilizado por el resto de líderes del país en los grandes desfiles y tiene como objetivo remontar la legitimidad del Partido Comunista hasta los tiempos de Sun Yat-Sen, cuyo retrato estaba en el centro de la Plaza de Tiananmen. La figura de Sun es conflictiva ya que el Guomindang también le considera el padre de la República Popular China (hoy Taiwán).

Jiang Zemin: el antiguo presidente de China, muy envejecido y con unas gafas enormes, chupó pantalla como pocos. Algunos lo interpretan como una muestra del poder que todavía mantiene en el gobierno.
Además, Song Zuying, famosísima artista china y considerada por algunos como amante de Jiang, actuó en la fiesta de por la noche. ¿La invitaría Jiang Zemin?
Zhu Rongji: el antiguo primer ministro chino, al que no se le había visto el pelo en televisión desde hacía años, reapareció para el gran público durante la ceremonia. “¡Zhu Rongji!”, me comentaron mis amigos chinos. “¡Hacía años que no le veíamos!”. Zhu está bastante bien considerado por los ciudadanos, que en su momento le vieron como alguien mucho más agradable, menos duro, que el resto de líderes del Partido. Aún así, algunos internautas se han quejado del poco protagonismo que le dieron durante la ceremonia. ¿Tiene Zhu pocos amigos en el gobierno?
Xi Jinping: el que hasta ahora se perfila como el próximo presidente de China, Xi Jinping, también fue uno de los protagonistas de la ceremonia. Es cierto que Li Keqiang, el otro posible sucesor, chupó bastante cámara, pero personalmente creo que a Xi Jinping le dieron un papel más protagonista. Además de eso, su mujer, Peng Liyuan, una cantante más conocida para el gran público que su marido, actuó en la gala de la noche. ¿Tenemos ya próximo presidente y primera dama?
La emisión televisiva del Día Nacional
El pasado 1 de octubre, cuando se celebraron los sesenta años de la fundación de la República Popular China, todo el país estuvo pendiente de la televisión. Varios aspectos de la retransmisión de estos actos (desfile militar, desfile civil y fiesta nocturna) han traído cola y se debaten acaloradamente en Internet:
Publicidad. En el momento en el que Hu Jintao está pasando revista a las tropas, algo llamó la atención de los internautas chinos. A pesar de todo el control que rodeó a la ceremonia y de haber tapado otras marcas de publicidad, la japonesa Toshiba gozó de diez segundos de publicidad en horario de máxima audiencia. ¿Estaba así planificado o fue un despiste?

Chapuceros. Comparado con el desfile de 1999, algunos se han sentido defraudados por el espectáculo televisivo de este año. Hace diez años la encargada de la producción fue la Eight One Film Study, que prestó mucha más atención a elementos artísticos y cinematográficos. Este año la encargada fue la televisión pública china, la CCTV, que se centró en aspectos más informativos. Algunos chinos consideran que la emisión de la CCTV fue menos emotiva, con menos estilo, menos profesional.
Otros internautas han facilitado directamente imágenes de algunas de las chapuzas de la CCTV. Entre ellas, escenas en las que los propios cámaras aparecen en pantalla.

¿Dónde lo vemos? Si alguien quiere echar un vistazo al desfile militar y celebraciones, podéis ver la emisión entera en Youku. Este vídeo de aquí abajo, hecho por el fotoperiodista Dan Chung, muestra en poco más de tres minutos algunos de los mejores momentos.
China’s 60th Anniversary national day – timelapse and slow motion – 7D and 5DmkII from Dan Chung on Vimeo.
India y China… diferencias
Jordi Joan Baños, el corresponsal de La Vanguardia en Nueva Delhi, ha escrito un post fascinante comparando a India y China. Dos países con muchas cosas en común pero con enormes diferencias en cuanto a su nivel de desarrollo y condiciones de vida. Todavía no he tenido la oportunidad de viajar a India, pero el excelente artículo del corresponsal en Nueva Delhi se parece mucho a lo que otros amigos me han comentado.
Os dejo aquí con algunos fragmentos de su largo post:
El siglo XXI será el siglo de Asia y China e India serán dos de sus actores principales. Sin embargo, basta un paseo por Pekín y Delhi, por Shanghai y Bombay, para constatar hasta qué punto el ascenso de ambas potencias -que tan a menudo se pone al mismo nivel- es dispar. En realidad, China ha dejado de ser una potencia en ciernes para ser una potencia a secas, la tercera economía del mundo tras superar a Alemania. De momento. India es también un gigante, pero, literalmente, con pies de barro. Y su economía no tiene siquiera el tamaño de la de España. De momento.
He leído varias veces -y me lo repite un joven científico indio que trabaja en Shanghai- que el desarrollo económico de China se encuentra quince años por delante del de India.
El abismo entre Pekín y Delhi, Shanghai y Bombay, se antoja de por lo menos veinticinco o treinta años de desarrollo. Si es que se puede medir así: la distancia económica entre China e India parece tan insalvable como la existente entre las dos orillas del Mediterráneo.
Uno puede pensar que la imperial y olímpica Pekín o que la cosmopolita y moderna Shanghai son sólo escaparates. Pero uno se acerca a Suzhou -una ciudad pequeña, es decir, del tamaño de Barcelona- en un rápido y moderno tren regional que ya quisiéramos en España, y se encuentra con el mismo desarrollo. Y las ciudades de mayor tamaño y desarrollo se cuentan por decenas en China.
Y viniendo de las junglas urbanas de India, la aparente buena gestión de las ciudades chinas impresiona. China parece funcionar. Contamina y es ineficiente en el consumo de agua y energía, pero, comparada con India, funciona.
Lo que en China es igualdad en India es diversidad y fragmentación. De lenguas, de alfabetos, de castas, de religión, de etnia. Ningún grupo en India suma en realidad más de algunas decenas de millones.
Objetivamente, el modelo chino es un bofetón al modelo indio. Y esto es cada vez más evidente para el mundo en desarrollo.






